martes, 26 de octubre de 2010

"Resumen del Libro La Ultima Niebla"

Resumen
La última niebla es narrada en primera persona, a forma de diario personal, por una mujer cuyo nombre se desconoce, pero se denominará, para comodidad del lector, como ella.
Ella acababa de contraer matrimonio con su primo Daniel. Ambos sienten que se conocen muy bien, cada gesto, cada sonrisa, cada milímetro de sus cuerpos. Ese mismo día, Daniel le avisa a su mujer que su hermano Felipe y su cuñada Regina vienen de la ciudad a visitarlos.
Al día siguiente. Ella sale a dar un paseo y una sutil neblina diluye el paisaje. Divisa a su marido quien le avisa que Felipe, Regina y un amigo ya llegaron. Ella entra al salón y se encuentra a Regina en los brazos de un hombre desconocido, pero sigue su camino sin pronunciar ninguna palabra. Al caer la noche, ella siente un dolor punzante y sale para refrescarse, en ese momento los hombres regresaron con sus trofeos de caza y el amante de Regina le sonríe a Ella, quien se siente intimidada por su presencia y lo escruta con su mirada para distinguir sus atributos físicos.
La madre de Daniel invita a sus hijos a pasar un tiempo con ella en la ciudad. La pareja se hospeda en una posada. Esa noche, mientras Ella duerme, tiene la sensación de que se ahoga y se levanta para dar un paseo. Daniel está tan dormido que la deja hacer lo que quiera y Ella se echa a andar, calle arriba. Durante su paseo piensa que le da tristeza tener que marcharse de la ciudad y regresar a su aburrida rutina del campo y su marido. No se siente capaz de huir y la muerte le parece una aventura más accesible que la huida. Entre la oscuridad y la niebla, vislumbra una pequeña plaza y se sienta en una banca. De pronto un hombre joven de ojos muy claros en un rostro moreno se postra frente a Ella. Ella comprende que lo esperaba y que debía seguirlo adonde fuera. Le echa los brazos al cuello y él la besa. Ambos se dirigen a una calle estrecha y en pendiente, se introducen en una casa un poco oscura y pasan la noche juntos llena de pasión y amor.
 Diez años han pasado ya desde que Ella estuvo con su amante por primera y única vez. Continúa fantaseando con aquella noche y se imagina distintos nuevos encuentros con él.
Una tarde en la que se sentía un viento especial, Ella estaba nadando en el estanque, cuando de pronto pasó un carruaje en el que venía su amante. Ella se quedó perpleja porque estaba segura de que era él, y su amante le sonrió en la distancia. Como Ella no podía creer lo que había ocurrido, le preguntó a Andrés, el cuidador del estanque, si había visto aquel hombre y la manera en que le sonrió. Andrés afirmó haber visto la escena.
Después de una semana, Andrés le informa a Ella que vio alejarse a todo galope, camino a la ciudad, la carroza en donde venía su amante.
 Hacía tiempo que Daniel no la besaba, pero una noche, volvieron a tener relaciones íntimas. Ella se sintió hundirse en la miseria por haber traicionado a su amante.
Con el tiempo, Ella dejó de distinguir las facciones de su amante y decidió escribirle una carta. Fue entonces cuando se produjo el milagro, durante su segundo encuentro con Daniel, idéntico al anterior pero con una dulce sonrisa de ambos de por medio. Ella concluye en su carta que todo lo que pasó con su amante fue un capricho de verano.
Una noche, Ella encontró a su amante. Le pidió permiso a su esposo para salir a caminar, pero Daniel  se extraña mucho de que quiera salir tan tarde cuando nunca antes lo había hecho.
Ella duda si lo que pasó aquella noche realmente ocurrió y el único que puede verificar su visión es Andrés. Ella lo busca a la mañana siguiente pero no lo encuentra, pero al día siguiente después que ella ya lo había buscado lo   encuentran ahogado. 
Ella quisiera poder olvidar. Anhela una enfermedad para interponerse entre su duda y ella misma. Se esforzó por vivir más despacio y realizar más actividades para distraerse, pero su amor estaba allí alrededor.
 Todo le recordaba a él: el bosque porque durante años paseó allí su melancolía e ilusión; el estanque, porque desde su borde divisó un día a su amante mientras se bañaba; el fuego en la chimenea porque en él surgía su imagen. Ella se dio cuenta de que sus días no eran soportables, sino eran vistos a través del estado de vida creado por su pasión. Su amante es para ella su razón de ser, su ayer, su hoy, su mañana.
 Una madrugada, arribó un telegrama con malas noticias: Regina estaba en el hospital gravemente. Ella y Daniel tienen que ir a la ciudad y por primera vez en mucho tiempo, Ella se incorpora feliz de su lecho porque tiene la esperanza de buscar la casa donde estuvo con su amante.
 En la sala de la clínica Felipe se presenta con un gesto trágico y les informa que Regina se ha pegado un tiro y es probable que sobreviva. Su madre se suelta a llorar en sus brazos y Daniel se conmociona con la noticia. En privado, Felipe le dice a Ella que encontraron a Regina herida en casa de su amante.
Ella sabe que debería sentir piedad por Regina, pero se considera egoísta por no sentir nada. Comprende que tras el gesto de Regina hay un sentimiento  intenso de toda una vida de pasión. Ella se siente aún más desdichada, pues siente que ha sufrido más que Regina al no tener a su amante a su lado y al haberse privado de una vida de pasión. Ella comienza a llorar efusivamente, la acuestan sobre un sofá y la hacen beber un líquido amargo para que recupere el conocimiento. Ella sale a buscar la casa de su amante, recuerda que estaba en un callejón cerca de una plazoleta, pero la neblina que no se dispersa es un velo que no la deja estar en paz. .
Al llegar a la casa de su amante tocó el timbre de la casa y tras un rato de esperar, le abrió un sirviente. Éste sube a buscar a la señora y Ella se extraña de que haya una señora en casa y pregunta por el señor, pero el sirviente le comenta que el señor murió hace más de quince años. Ella cree que quizá se equivocó de casa y  continúa buscándola por una ciudad de aspecto fantasmal, pero todo, la casa, su amor y su aventura, se han desvanecido en la niebla.
De vuelta en el hospital, Ella y Daniel entran a la habitación de Regina. Se ve tan fea que parece otra. Regina se incorpora de repente, cae de nuevamente, vocifera palabras en contra de su amante, desea morir pero a la vez, quiere vivir para ver a su amante. Ella envidia su dolor, su trágica aventura y hasta su posible muerte por haber tenido amor, vértigo y abandono. En el instante que salen de la habitación, entra una ambulancia con un muchacho que acababa de ser atropellado. Ella piensa en esa posibilidad pero dos manos la atraen bruscamente para salvarla; tambalea y se recarga en el pecho del que imprudentemente creyó salvarla. Aturdida levanta la cabeza, ve a un extraño y se aparta al reconocer a su marido. Hace años que lo miraba sin verlo. Lo encuentra muy viejo aunque recuerda que son de la misma edad. Le asalta la visión de su cuerpo extendido en una morgue y piensa que el suicidio de una mujer vieja es una cosa inútil y repugnante. Hace algunos años, talvez hubiera sido razonable en un impulso de rebeldía, pero un destino implacable le ha robado hasta el derecho de buscar la muerte, la ha ido acorralando lentamente a una vejez sin fervores, sin recuerdos y sin pasado.
Daniel la toma del brazo y echa andar con mayor naturalidad, sin dar importancia al incidente. A su vez finge una absoluta ignorancia de su dolor. Ella lo sigue para llevar a cabo una infinidad de pequeños menesteres, para cumplir con una infinidad de frivolidades, para llorar por costumbre y sonreír por deber, para vivir correctamente, para morir correctamente, algún día.
Alrededor de ellos, la niebla le da a las cosas un carácter de inmovilidad definitiva.

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